La hormiga solitaria

Érase una vez una hormiga que a pesar de compartir hormiguero con las hormigas de su Colonia andaba siempre sola y apesadumbrada. Las demás hormigas no entendían bien el motivo por el que esta hormiga no se sentía cómoda entre ellas. Un día, la hormiga mayor se acercó a ella y le preguntó:

la hormiguita solitaria

– ¿Por qué andas siempre sola? ¿Acaso te tratan mal en este hormiguero?

– La verdad a veces pienso que a nadie le importa mi trabajo- respondió afligida.

La hormiga mayor se quedó pensativa mientras veía como la hormiga solitaria se alejaba sin más explicación que esta. Durante días se dedicó a observar el trabajo realizado por la hormiga solitaria y el resto de sus compañeras. Un buen día, la hormiga mayor decidió acercarse nuevamente a la hormiga solitaria, con la firme convicción de que aquella hormiga no solo era una de las mejores trabajadoras del hormiguero, sino que además había sido la única que había necesitado el reconocimiento de los demás para sentirse feliz. Le preguntó nuevamente:

– ¿Por qué andas siempre sola? ¿Acaso te hemos tratado mal en este hormiguero?

– La verdad no me tratan simplemente- contestó bastante calmada.

La hormiga mayor se quedó descolocada ante tal respuesta y pensó que no había servido de nada aquellos días en los que se había dedicado a observar a una hormiga solitaria. Pensó que le había tomado el pelo, así que antes de que se alejara demasiado acertó a decir:

hormiguita solitaria

– Dime una cosa, ¿realmente no te das cuenta por qué estás tan sola?

– Si, me di cuenta mientras me observabas, pero ahora si me permites tengo que trabajar con mis compañeras.

La hormiga mayor se quedó observando el camino que había tomado esta vez la hormiga solitaria, que lejos de volver al lugar más solitario de aquella Colonia se reunía con el resto de hormigas para colaborar alegre. Notó que tal y como ella esperaba todas las compañeras la acogían felices por el cambio que esta hormiga solitaria había hecho en los últimos días. Volvió a donde estaban todas y sintió por primera vez que ahora si estaban en armonía, que todas eran una, y que una eran todas.

” Para que los demás nos aprecien no es necesario que alaben nuestras virtudes, el propio reconocimiento es necesario para vivir en armonía con los demás, tal y como hizo la hormiga solitaria”

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Publicado por: Anonimo

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