La gallinita Tuqui

Érase una vez una gallinita llamada Tuqui que vivía en una pequeña aldea llamada “Bienvenidos” en la que había pasado los mejores momentos de su vida. Los habitantes del lugar siempre habían estado muy contentos con la labor que hasta el momento había desempeñado Tuqui, que con su buen humor repartía cada día los huevos que ella misma había puesto.

Un buen día Tuqui salió como cada mañana a repartir sus huevos, esta vez le tocaban al Señor Rodríguez que cada quincena recogía los huevos que Tuqui buenamente había puesto para él.

gallinita-tuqui

– Vienes a dejarme lo huevos de oro ¿verdad Tuqui?

– Así es Señor Rodríguez.

Tuquí se despidió alegre y se paró a pensar que el Señor Rodríguez siempre la saludaba del mismo modo, y que quizás sus huevos podían servir para también proveer al pueblo de ricos dulces y pasteles que ella misma podría elaborar. Pensó también que si conseguía que alguno de sus amigos colaborasen con algunos de los ingredientes podrían vender dulces y pasteles a todos los visitantes que estuvieran de pasada por “Bienvenidos” y de esta manera conseguir ganancias para proveer a todos de ricos pasteles, además de sus conocidos huevos de oro.

Empezó a caminar para ir en busca de su amiga la gallina Florentina, con quien pensó que podría llevar a cabo esta tarea, pero se encontró con una Florentina atareada que ni caso le puso cuando le contó la genial idea que se le había ocurrido. También visitó a Gumer, con el que había compartido muchas veces las zanahorias que tanto gustaban al pequeño conejito, pero éste tampoco estaba por la labor de echarle una mano.

– Lo siento Tuqui pero no tengo tiempo para hacer pasteles.

– Está bien Gumer, no pasa nada.

Tuqui siguió preguntando a todos sus amigos si querían colaborar con ella, pero por una u otra cuestión ninguno de ellos se encontraba disponible para ayudar a Tuqui, quien siempre había estado dispuesta para ayudar a cualquiera de los habitantes de “Bienvenidos”. Al llegar a casa pensó que quizás no había sido tan buena su idea y que lo mejor era seguir como hasta ahora repartiendo únicamente sus huevos.

gallinita

Esa noche Tuqui se fue a dormir triste por no poder hacer algo más por los habitantes del pequeño pueblo. Soñó que ella sola hacía pasteles día y noche hasta quedarse sin fuerzas. Llevaba pasteles a todos los habitantes de “Bienvenidos” incluyendo a todos sus amigos y cuando no pudo más de tanto trabajo despertó. Podía recordar lo que había soñado y las caras felices de todos mientras degustaban sus ricos pasteles. Sin dudarlo ni un segundo se puso un mantel y comenzó con la ardua tarea de elaborar pasteles. No le importaba nada más que hacer felices a todas las personas con las que tantos momentos había compartido durante su vida en la aldea. De repente escuchó la puerta sonar y cuál fue su sorpresa cuando abrió.

– Hemos venido a ayudarte Tuqui, dijo Florentina junto a Gumer y los demás amigos a los que Tuqui había pedido ayuda.

– ¡Adelante!, sean todos “Bienvenidos” a esta casa, respondió Tuqui con una amplia sonrisa.

Niños un amigo es como el árbol que ofrece generoso su fruto sin pedir nada a cambio.

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Publicado por: Paty Cuentacuentos

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