El error de Julián

Julián era un hombre ya entrado en años que no caía bien a nadie. Un buen día llegó al pueblo gritando que el era el mejor y presumiendo de ser el más listo de todos.

– Subiré a la montaña y cazaré varios animales distintos, entonces todos querrán ser mis amigos- dijo riéndose.

– ¿Acaso has comprado una escopeta nueva, Julián?- preguntó un vecino.

– No, con mi flauta será mas que suficiente- respondió.

Al pronunciar estas palabras todo el mundo echó a reír imaginándose a Julián tocando su flauta a los animales salvajes. Nadie creía que podría cazar animales con una simple flauta. Julián miró a todos indignado:

hombre y la flauta

– Cuando toco la flauta puedo imitar fácilmente el sonido de cualquier animal…

– ¡Mentiroso!… – gritó un vecino.

Enfadado, Julián salió de la plazoleta del pueblo y se dispuso a la montaña con comida, su flauta y una pequeña escopeta. Se adentró en el bosque e imitó con la flauta el sonido de un cervatillo. En efecto, este animal lo oyó y se presentó frente a Julián que con mucha calma cargó la escopeta y disparó.

– ¡BANG! se oyó en todo el bosque pero sin buen resultado.

Julián había fallado en el tiro más siguió insistiendo. Hizo sonar nuevamente su flauta y esta vez aparece entre los árboles un gato montés que pensaba que podría comerse al ciervo pero al ver a Julián pensó que sería mejor comerse al viejo flautista, por lo que no dudó en enseñarle los dientes.

Como la escopeta de Julián estaba descargado tocó su flauta imitando al león para que el gato montés saliera de allí y efectivamente lo logró, pero cuál fue la sorpresa que apareció un enorme león de dientes afilados que sonreía al mirarlo. Veloz como un rayo Julián tocó su flauta para imitar a un oso pardo, logrando de esta manera que el león se asustará y se fuera de ahí como si realmente le persiguiera un oso.

Sin embargo, el león no sólo escuchó la llamada de Julián a un oso, sino que también un gran oso apareció entre los árboles pensando que era su novia. Cual fue la sorpresa cuando se encontró a Julián, a quien sonrió mostrando todos sus dientes.

¿Qué creéis que pasó? Pues que se lo comió de un bocado. Julián había sido un incauto hasta el último momento. Hay un dicho muy popular que dice que “el que juega con fuego se acaba quemando”.

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Publicado por: Anonimo

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